Carta de una Herrera
El nombre de esta Casa es un guiño a las mujeres de mi familia: mi madre, mi abuela, mi bisabuela, mi tatarabuela. Todas ellas Herrera. Es una Casa con un encanto especial. Fue construida en 1897 y ha ido adaptándose a los tiempos y a cuatro generaciones, dándose la curiosa circunstancia de que las propietarias siempre han sido mujeres. Hoy es una Casa abierta, blanca y luminosa. Tras haber sufrido en 1992 una reforma completa, respetando únicamente los muros perimetrales, en estos momentos no cumple otra misión que acoger a sus huéspedes. Un entorno que invita a desconectar del alboroto y bullicio urbanita.Tan solo hay que activar los cinco sentidos y dejarse llevar. Desde la terraza, disfrutas de las vistas. Si eres de los que madruga podrás contemplar el amanecer acompañado del primer café del día. Si lo prefieres, te recomiendo el atardecer mientras el cielo se tiñe de colores; pero descuida porque si esperas demasiado, acabarás perdién...