Carta de despedida 2025
Querido 2025,
No sé si decirte adiós o simplemente dejarte ir. Fuiste un año que no pedí, pero que necesitaba. Aunque no lo supiera. Aunque me resistiera.
Me revolviste. Me desregulaste. Me hiciste parar a la fuerza, como quien frena en seco en medio de una autopista emocional. Me obligaste a mirar lo que dolía, lo que ignoraba, lo que ya no podía sostener.
Empecé contigo encabronada. Harta de exigencias, de frases vacías, de no sentirme suficiente.
Y tú, sin pedir permiso, me pusiste frente al espejo. Me mostraste el cansancio acumulado, el insomnio que no era casual, la niebla que no remitía. Y en ese silencio corporal entendí que el alma también pide tregua cuando el ritmo deja de ser viable.
En primavera, mi cuerpo gritó lo que mi voz callaba. Y en junio, con el sol en su punto más alto, descarrilé. Pero en ese derrumbe encontré algo parecido a mí. Algo más honesto. Más vulnerable. Más real.
Astrológicamente, también fuiste un terremoto.
🔸Plutón en Acuario me enseñó que romper estructuras internas puede doler, pero también liberar.
🔸Urano en Géminis agitó mi mente, me sacó de la rigidez y me obligó a pensar distinto.
🔸Neptuno en Aries hizo que me perdiera, sí, pero también me dio permiso para redibujar mis límites.
🔸Y los eclipses en Virgo y Piscis me recordaron que el cuerpo avisa, y que el alma exige cuidado.
Me transformé. No por elección, sino por necesidad.
Aprendí a cuidarme sin culpa.
A escucharme sin ruido.
A elegirme sin miedo.
Hoy te dejo ir. No con rencor, pero tampoco con nostalgia.
Te agradezco lo que me enseñaste, aunque fuera a base de golpes.
Me quedo con la brújula que encontré en medio del caos.
Con la certeza de que, incluso en el dolor, hay transformación.
Nos vemos nunca.
Bye 2025
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