Coche eléctrico: ¿Susto o pesadilla urbana?
Hace un año, decidí dar el salto. Me convencieron los anuncios, las promesas gubernamentales, los incentivos fiscales y esa sensación de estar haciendo lo correcto. Compré un coche eléctrico con la ilusión de contribuir a un futuro más limpio, más eficiente, más moderno. Hoy, tras meses de agobios, esperas interminables y una infraestructura que roza lo absurdo, me atrevo a decirlo sin tapujos: ha sido la peor decisión de mi vida. El espejismo de la subvención (y el susto fiscal) Todo empieza con una subvención. Te la venden como el empujón definitivo para pasarte a lo eléctrico. Por ejemplo, si recibes 7.000€: 4.500€ son por la ayuda directa y 2.500€ por el achatarramiento de tu antiguo vehículo de combustión. Y sí, el papeleo es tedioso, pero al final recuperas una parte del dinero invertido. Te sientes afortunado. Te dices: “Esto va a funcionar”. Pero lo que nadie te cuenta —ni el concesionario, ni el gobierno, ni la publicidad institucional— es que esa ayuda tributa. Y ...